Hablar de «menos temario» solo tiene sentido si te refieres al programa oficial publicado o aprobado para un proceso concreto: anexo de temas, bloques, legislación citada y, en su caso, modificaciones posteriores. Dos cuerpos con nombres parecidos pueden tener extensiones muy distintas, y el mismo cuerpo puede engordar o depurar temas entre convocatorias.

Contar páginas de un PDF descargado de internet no es fiable: las versiones no oficiales suelen desactualizarse, duplicar artículos o mezclar jurisprudencia opcional. La referencia seria es la documentación del organismo convocante y las actualizaciones que incorporen disposiciones nuevas o derogaciones.

Un temario aparentemente corto puede compensarse con un segundo ejercicio muy exigente (supuesto, práctica, idioma) o con un baremo de nota alta. Por eso no confundas extensión con dificultad global del proceso selectivo.

A veces varios procesos comparten bloques normativos (por ejemplo, materias de organización del Estado o de procedimiento administrativo común). Si ya dominas esas piezas, tu sensación será de «menos carga nueva» aunque el anexo sea largo en páginas totales.

Si buscas optimizar tiempo, prioriza procesos donde tu base previa sea sólida (por titulación o experiencia laboral relacionada) más que el cuerpo con menos puntos del temario en abstracto: retienes antes y haces menos lectura en frío.

Para organizar el estudio sea cual sea el volumen, revisa nuestra guía sobre calendario de preparación y, si te interesa la dificultad percibida del examen, el artículo sobre qué oposición es más fácil de aprobar, siempre con el matiz de que la facilidad es personal.